Los viajes largos en avión

18/03/12

El futbolista, en cualquier ubicación en el campo de juego, realiza un gasto de energía unas veinte veces más que cuando está en reposo. El jet-lag es la pérdida de capacidad psicofísica provocada por un vuelo transmeridiano, sea éste diurno o nocturno, durmiendo o despierto. Entre Madrid y Buenos Aires nos separan cinco husos horarios. Luego el organismo del futbolista de alta competición necesitará no menos de cinco días para adaptarse a su nuevo reloj biológico, algo imposible, dado que se viaja y se juega dentro de las 48 horas y se regresa aproximadamente a las 72 horas.
Las funciones orgánicas sufren este temporario deterioro por el solo hecho del vuelo atravesando los meridianos y pueden aún empeorar si las condiciones del viaje nos impidieron descansar. No hay medicación que mejore significativamente ese estado; sólo el paso de los días lo corregirá. El hecho de repetir periódicamente esos viajes no mejora el resultado y los pilotos lo han comprobado. De allí que los jugadores de la selección no están exentos a los trastornos neuromusculares propios de la sumatoria de viajes y exigentes competencias deportivas.
A pedido de los pilotos de las líneas de Latinoamérica y de España, hace unos años dirigimos junto al doctor Alberto Leveroni un estudio de la fatiga de vuelo llevado a cabo en el IMDYR de Futbolistas Argentinos Agremiados. Ello determinó algunos cambios en el diseño de ciertos vuelos. En el caso de los futbolistas aparece, además, la necesidad de recuperar el nivel de entrenamiento, pues más allá de los 10.000 metros se pierde la capacidad aeróbica y la eficiencia metabólica.
Los vuelos de largas distancias con rápidos cambios de husos horarios y mayores de tres horas producen una disociación del reloj biológico circadiano con respecto al horario del lugar. Existen factores importantes, como la luminosidad que penetra por las ventanillas, que excita al sistema neuromuscular a través de la visión y contrae la musculatura, originando fatiga especialmente durante la ingesta de comidas. Por ello aconsejamos realizarlo con las ventanillas bajas. Por supuesto que ello ocurre en todo tipo de pasajero, turista, comerciante o deportista de alta performance y la resincronización lleva un tiempo similar, sólo que el deportista debe además recuperar su nivel de aptitud física para ser utilizada nuevamente en la siguiente exigencia deportiva. Existen estudios serios, como los de la doctora Fernanda Ceriani, del Instituto Leloir. Dicha profesional es una científica destacada internacionalmente por sus estudios de los relojes internos del organismo, que generan los ritmos biológicos. Ella acaba de resultar ganadora del premio L´Oreal-UNESCO.
En nuestra experiencia con este tipo de traslados aéreos y las evidencias en Medicina del Deporte del mundo entero, reiteramos que es fundamental para sostener la salud de nuestros futbolistas respetar las leyes de la biología humana, cumpliendo los tiempos de adaptación a los cambios rápidos de husos horarios. Así como los pilotos comerciales deben evitar la fatiga de vuelo que incluye el jet-lag, los futbolistas deben conocer las causas y los efectos de esta perturbación, dado que un partido de futbol produce fatiga neuromuscular que requiere de varias horas de recuperación. En este caso, entonces, se observará una sumatoria de fatigas que merecen una rehabilitación “ad integrum” respetando los tiempos de reposo físico. Sin embargo, en jugadores de alta performance la fatiga inducida por un partido de futbol se produce en menor medida que en los del amateurismo, dado que su recuperación es más rápida. Dicha fatiga se determinará por una combinación de factores centrales y periféricos, los que disminuyen el rendimiento tanto de la resistencia aeróbica como del pique. Estudios recientes en equipos europeos demuestran que recién después de 48 horas de recuperación psicofísica se alcanzan los niveles de potencia y resistencia similares a los de antes del encuentro.

Dr. Luis Pintos