Fracturas en futbolistas de categorías infantiles y juveniles

01/06/12

 Siempre hubo diferencias en el tratamiento traumatológico que indicaba el médico de divisiones inferiores a sus niños y adolescentes, con respecto al aplicado por el traumatólogo del plantel profesional,  en cuanto al episodio traumático del acto deportivo. Ello es debido al importante rol que cumple el cartílago de crecimiento presente en los jóvenes jugadores, aquellos que todavía no alcanzaron la madurez ósea total.
Debemos dejar en claro que las fracturas del adulto son tan distintas de las que ocurren en los niños, como lo son los trastornos cardiológicos o psíquicos, por citar algunos, o bien que para tratar una fractura del adulto alcanza con la radiografía antes y después, mientras que el niño presenta el factor crecimiento, el cual modifica dicha imagen radiográfica a medida que avanza el tiempo. Cualquier traumatólogo con experiencia reconoce que el diagnóstico en los jóvenes puede complicarse si no se toman en cuenta las edades en que se hacen presentes los núcleos de osificación de cada hueso respecto a la edad, y que el trazo fracturario puede confundirse con la línea del cartílago de crecimiento normal. Todo ello es de vital importancia en todos los niños, pero aún más en aquellos que han decidido dedicar su vida y futuro al deporte de alta competición.
De los principios del tratamiento, el más importante es conseguir la alineación de los fragmentos fracturados, los cuales no deberán presentar groseras angulaciones y mucho menos rotaciones, para mí inexcusables y las que deben ser corregidas precozmente. Por ejemplo, una fractura parcial o en tallo verde que adquiera una angulación próxima a la parte media del antebrazo de un niño mayor, debe ser completada o terminada de fracturar, para alinear correctamente y evitar una incapacidad indeseable. Cuanto menor sea la edad del niño y más cerca del extremo del hueso se halle la fractura, mayor será la angulación aceptable en cuanto a su vida deportiva. En cambio, a mayor edad y alejado de los extremos del hueso, la angulación debe ser corregida y alineada.
Otro factor a tener en cuenta es la aproximación de los extremos óseos fracturados. Un acortamiento razonable carece de peligro en los niños, pues el crecimiento se encargará de compensar. Es más: si se consigue enfrentar perfectamente los cabos óseos fracturados, por efecto del crecimiento hará que dicho miembro sea más largo que el sano. Cuando no convenga el cabalgamiento de los extremos óseos, la tracción constituye un elemento muy exitoso y en general las fracturas de los extremos óseos son tratadas con inmovilizaciones enyesadas, con la excepción del extremo proximal del fémur.
Los niños carecen de la indeseable falta de consolidación del adulto, siempre que se evite la cirugía apresurada. Por otra parte, el yeso por largos períodos de tiempo en el joven deportista no ocasiona rigideces que no cedan con una adecuada rehabilitación. Con respecto a esto último, la fisioterapia es casi innecesaria, distinto a lo que ocurre en el adulto. En cambio, son muy bien recibidos el hielo, las férulas, vendajes suaves y rehabilitaciones que no causen dolor. Dicho dolor restringe los movimientos bruscos y debe ser tomado en cuenta siempre, pues es un buen consejero de que algo no funciona bien.
En lo posible, los padres e instructores deberán dejar de lado ansiedades perniciosas y permitir que el tiempo de rehabilitación, junto al trabajo del médico, completen su labor.

Dr. Luis Pintos